Lesiones por fricción del equipo

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Lesiones por fricción del equipo

¿Qué es una lesión por fricción de equipos?

Las lesiones por rozamiento con equipos son lesiones cutáneas causadas por el roce o la presión repetidos entre la piel y un objeto o superficie, normalmente con objetos personales, ropa o equipos de trabajo. Estas lesiones suelen subestimarse, pero pueden ser dolorosas y dar lugar a complicaciones si no se tratan a tiempo. Suelen producirse en zonas en las que la piel está en contacto frecuente con materiales duros o tensos, lo que con el tiempo provoca enrojecimiento, irritación, ampollas o incluso heridas abiertas.

¿Cómo se produce la herida?

Las lesiones por fricción se producen cuando la piel experimenta roces o presiones constantes que debilitan o rompen la capa externa (epidermis). Este tipo de lesión es frecuente durante las actividades diarias o trabajos que implican movimiento, tareas repetitivas o el uso de equipos durante periodos prolongados. Las causas típicas son:

  • Uso de zapatos apretados o mal ajustados, que causan fricción alrededor de los dedos de los pies, los talones o los tobillos.
  • Rozaduras repetidas por tirantes, cinturones o ropa ajustada.
  • Uso prolongado de equipos de protección individual (EPI) como mascarillas, cascos, gafas o guantes.
  • Equipos deportivos como rodilleras, cascos o brazaletes que causan presión durante el movimiento.
  • Equipos de oficina (por ejemplo, reposamuñecas o bordes de sillas) que presionan constantemente la piel
  • Uso de ayudas para la movilidad como muletas, sillas de ruedas o aparatos ortopédicos que ejercen presión sobre las mismas zonas de la piel a diario.

Las lesiones por fricción pueden manifestarse al principio como piel enrojecida e inflamada, y luego convertirse en ampollas, abrasiones o úlceras si el roce continúa.

¿Qué ocurre si no se trata?

Si las lesiones por fricción no se tratan o se siguen exponiendo a la misma tensión, pueden empeorar rápidamente. Algunas consecuencias habituales son:

  • Piel estropeada: La fricción continuada puede dañar las capas más profundas de la piel, provocando heridas abiertas o llagas.
  • Formación de ampollas: El roce repetitivo suele provocar ampollas llenas de líquido que pueden reventar, dejando al descubierto la piel en carne viva.
  • Riesgo de infección: Las zonas abiertas o irritadas son vulnerables a las bacterias, lo que aumenta el riesgo de infección.
  • Inflamación e hinchazón: La fricción continua puede desencadenar inflamación, dolor y molestias en la zona afectada.
  • Curación retardada: La exposición constante a la misma causa impide que la piel se recupere, lo que provoca una cicatrización lenta o incompleta.
  • Cicatrización: En los casos más graves o repetidos, las heridas por fricción pueden curarse con decoloración o cicatrices permanentes.
  • Movimiento restringido: El dolor o las molestias de la piel lesionada pueden limitar las actividades cotidianas, sobre todo si la zona está sometida a presión al caminar, sentarse o trabajar.
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